El suicidio constituye un problema de alto impacto en la salud pública. A nivel mundial, cerca de un millón de personas mueren por suicidio cada año, y por cada muerte se estiman al menos 25 intentos de suicidio, además de cientos de personas que presentan ideación suicida. Esta problemática afecta de manera directa e indirecta a millones de personas, familias y comunidades.
Las intervenciones preventivas basadas en la evidencia y el entrenamiento específico de los profesionales resultan fundamentales. En la práctica clínica cotidiana, las consultas vinculadas a ideación o conductas suicidas pueden presentarse en cualquier ámbito, especialmente en el primer nivel de atención, las guardias hospitalarias y los dispositivos comunitarios.
Contar con protocolos claros y competencias clínicas adecuadas para las primeras entrevistas mejora la calidad de la atención, optimiza la toma de decisiones, favorece la derivación oportuna y, fundamentalmente, salva vidas.